domingo, 30 de enero de 2011

Saber y verdad en el viaje escatológico de Eneas

En el libro VI de La Eneida, obra que relata los viajes, guerras y duras pruebas de Eneas en el cumplimiento de su destino como fundador  de Roma, Virgilio describe el descenso del héroe a los infiernos, su arribo a la tierra de los bienaventurados y el encuentro  con su padre  Anquises, ya muerto para la vida terrestre, quien le hará  importantes revelaciones.   

Se trata de un viaje iniciático; tal como lo sugieren las alusiones, sutiles pero claras, a los misterios eleusinos,  así como el rico simbolismo del viaje en su totalidad.

Lamentablemente la referencia a lo 'iniciático' ha devenido, hoy,  moneda de uso corriente en el inmenso mercado de ilusiones de la  post modernidad.  Pero no por eso debemos evitarla sino, en todo caso, respetar su sentido originario que no es otro, ni nada menos,   que el de la escatología.  No de la escatología religiosa, que se limita a la representación de un ‘después’ de la muerte empírica, sino del  acceso a los misterios de la vida y la muerte en el ‘ahora’ del alma.     

En su descenso al mundo subterráneo Eneas va acompañado por la Sibila, quien, tras advertirle que lo difícil no es internarse en ese  oscuro mundo sino regresar del mismo, lo guía e instruye a lo largo de todo el viaje.  En su periplo el héroe descubre diversos arcanos,  como, por ejemplo, los que refieren al destino de las almas al morir, el juicio al que son sometidas, el descenso de los seres a la tierra, y finalmente todo aquello que concierne a su propia misión.   

Un momento decisivo del viaje es el encuentro de Eneas con su padre. Dicho sea de paso, es difícil no pensar la figura del padre como un símbolo del origen.  Como sea, es Anquises, el padre, quien abre ante los ojos del viajero la visión de las duras guerras que le esperan, pero también lo confirma en su inexorable triunfo final.    

Ahora bien, en el momento mismo del encuentro de Eneas y su padre, cuando se enfrentan cara a cara entre sí, Virgilio introduce en el  relato un curioso detalle. Veamos el texto.

Dice el padre al ver a su hijo:

"¡{...} al fin me es dado ver tu rostro, hijo mío, y oír tu voz y hablarte como antes! Yo en verdad, computando los tiempos, discurría que así había de ser y no me ha engañado mi afán. ¡Cuántas tierras y cuántos mares has tenido que cruzar para  venir a verme! ¡Cuántos peligros has arrostrado, hijo mío!{...}"

A lo cual Eneas responde con alegría exaltada:

"{...} Dame ¡oh padre! dame tu diestra y no te sustraigas a mi mis brazos"

Tras lo cual Eneas intenta abrazar a su padre pero no puede hacerlo.  Pues sucede lo siguiente:

"tres veces  probó echarle los brazos al cuello; tres la imagen, en vano asida, se escapó de entre sus manos como un aura leve o como  alado sueño"

Nos preguntamos  porqué Virgilio nos cuenta del intento frustrado de Eneas por abrazar a su padre, cuando, por otra parte, el encuentro es decisivo para el héroe e involucra importantes revelaciones que efectivamente sí se llevan a cabo.   ¿Es  gratuito ese detalle? 

Interpretamos, sin pretender agotar el sentido del pasaje, que si Eneas encuentra a su padre y puede comunicarse con él pero no logra  abrazarlo con sus brazos físicos, es porque el encuentro sucede sub specie interioritatis.  Así,  Virgilio inscribe el viaje escatológico de Eneas en el ámbito de un conocimiento interior.     

Pero, dejamos esa cuestión a consideración del lector, a quien sugerimos enfáticamente que lea el texto de Virgilio, y vamos a comentar otro pasaje sumamente enigmático dentro de los muchos que hay en la obra y en ese canto VI en particular. Se trata del regreso del viaje al más allá.     

En los últimos versos del canto VI, cuando Eneas ya ha sido  instruido en los misterios y también sabe lo que necesita saber acerca de su propio destino, el retorno al mundo terreno es descrito por Virgilio de un modo desconcertante.

El relato  dice, sin explicación previa, que el sueño tiene dos puertas; una de cuerno, que es la puerta de las verdades, y otra de marfil, que es la puerta de las ilusiones o falsas visiones. Veamos el texto:

"Hay dos puertas en el sueño, una de cuerno, por la cual tienen fácil salida las visiones verdaderas; la otra de blanco y nítido marfil, primorosamente labrada, pero por la cual envían los manes a la tierra las imágenes falaces.  Prosiguiendo en sus pláticas con su hijo y la Sibila, despídelos Anquises por la puerta de marfil, desde la cual toma Eneas derecho el camino hacia la escuadra y vuelve a ver a sus compañeros.  Dirígese en seguida, costeando la playa, al puerto de Cayeta; allí echan anclas y atracan en la orilla".

El pasaje permite reconocer que Eneas se encontraba físicamente en su nave pero soñaba. Y cuando regresa del viaje escatológico, despierta. Por eso vuelve por una de las puertas del sueño y sigue viaje hasta amarrar en el puerto. Ahora bien, lo importante aquí no es que Eneas soñaba sino que tanto Anquises, quien ha hecho ciertas revelaciones a su hijo, como Eneas transitan por la puerta por la que 'se suelen introducir las visiones falaces'.

La traducción española que utilizamos suaviza el sentido al decir que las visiones falaces 'se suelen introducir’ por esa puerta. Pero otras traducciones, más fieles al original, son taxativas respecto a que la puerta de marfil es, lisa y llanamente, la puerta de los engaños. 

Por ejemplo la traducción italiana de Annibal Garo habla de...

     "due porte: una è di corno, l'altra è d'avorio. Manda il corno i veri, l'avorio i falsi"  

Lo que, traduciendo a la letra, significa:  "dos puertas: una es de cuerno, la otra es de marfil. Envía el cuerno las verdades, y el marfil las falsedades"

Así, no hay duda acerca de que Eneas despierta de su sueño por la puerta del engaño.  Pero,  ¿Qué quiso sugerir Virgilio con ese desenlace que parece anular todo el valor espiritual de la experiencia relatada?  ¿Acaso lo que Eneas vio en el mundo subterráneo y en la tierra de los bienaventurados era sólo un sueño ordinario? 

Se han hecho diversos comentarios sobre ese punto. Algunos de los cuales más que a iluminar el asunto parecen destinados a escamotear el enigma que plantea.

Por ejemplo cuando se pretende dar por terminada la cuestión diciendo que Virgilio simplemente emulaba a Homero evocando un pasaje de la Odisea;  pasaje  en el cual también se habla de las dos puertas del sueño y se las caracteriza del mismo modo. 

O  cuando se afirma que Virgilio habría querido indicarle al lector que él mismo, Virgilio, no creía en los dioses, ni en el infierno, sino que ese canto, como toda su obra, debía ser leída como mera 'literatura'. 

Pero, lo cierto es que hay ahí un enigma. Uno cuyo sentido, a nuestro juicio, debe encontrarse en la propia Eneida. Aunque sin intentar resolver el enigma, nos parece legítima la siguiente interpretación:

Eneas sale de su viaje escatológico por la puerta de los falsos sueños, los sueños que no son visiones verdaderas sino 'meros sueños',  porque todavía debe cumplir su misión. Aún debe realizar su destino.  

Es decir,  Eneas posee cierto saber pero no lo posee todavía como su propia verdad.

Dicho de otro modo, Eneas sabe ahora ciertas cosas acerca de la vida y la muerte, así como de su misión y su triunfo final, pero aún no tiene la verdad, porque la  tendrá recién cuando llegue a ser él mismo, Eneas, la verdad de ese saber.  

Visto así, se comprende que Eneas ha salido por la puerta del engaño porque  no podía ser de otra manera.  Ya que si Eneas hubiera salido de la visión por la puerta de la verdad, entonces, su misión no habría sido la de un héroe sino la de una marioneta del destino o de los dioses.   

Pero, Eneas no era una marioneta, era un héroe que tenía la esencia del cielo y de la tierra, y por lo tanto estaba llamado a unificar ambos mundos, y para ello debía luchar por su destino.

Y es inherente a toda lucha que no se tenga por absolutamente segura la victoria; incluso si se tiene una inmensa fe en la misma; incluso si la victoria ha sido anunciada por el cielo; pues de otro modo no sería una verdadera lucha sino sólo una actuación exterior carente de significado espiritual.  

Y finalmente, cuando, en los últimos versos del último canto de la larga epopeya, el héroe mata a Turno,  su último y más feroz enemigo,  da cumplimiento a la última instancia del viaje escatológico (éskhatos es lo último, a la vez el final y la finalidad) y así realiza el saber de su destino como la verdad de sí mismo.


Referencias: 
Fuente de las citas: las frases de La Eneida corresponden al canto VI de la versión en español de Eugenio Ochoa (publicada por Losada). 

La cita en italiano está tomada de L'Eneide (Princenton University) de la cual existe una versión digital gratuita en Google books.  Pinche para ir al texto

miércoles, 19 de enero de 2011

La palabra y el ángel de las cosas

Dentro su peculiar refugio, doloroso pero a su modo inexpugnable, dentro del hospicio, Jacobo Fijman escribía en 1964:

"Tú ves de la nube, de la flor,
la belleza del ángel, la profunda belleza
circunscrita del ser"

La visión poética, entonces, desnuda las cosas de los disfraces convencionales detrás de los cuales las oculta la cultura,  y  revela  su singularidad más esencial. 

De ese modo el poeta descubre el ángel de las cosas.  Revela la belleza divina en tanto se manifiesta en ellas como singular, como un aspecto 'circunscrito' del Ser.

Pero, lo poético allí no alude a un género literario, lo que no es más que otra convención, sino a la esencia del lenguaje.

Así, lo poético remite a esa palabra esencial que no consiste en cierta utilización del lenguaje sino que, como ha dicho un gran pensador contemporáneo, ella misma "hace posible el lenguaje".


Referencias: 
Fuente de las citas: los versos de Fijman pertenecen a su poema 'Flor de santidad', incluido en Obras I (1923-1969), publicado por la editorial Araucaria.

El lector interesado podrá encontrar en Internet otros poemas de Fijman. De nuestra parte hemos publicado su maravillosa 'Letanía del agua perfecta' en el site La Escalera (Ir al poema).

El pensador al que aludimos es Martín Heidegger; y la frase citada se encuentra en su ensayo 'Hölderlin y la esencia de la poesía' (publicado por el FCE,  junto a otro ensayo del autor, con el título 'Arte y poesía').  

miércoles, 12 de enero de 2011

Manilio, el hermetismo, y un signo de los tiempos

Marco Manilio, siglo I d. C,  escribió un hermoso poema didáctico sobre astrología titulado, en latín, Astronomica.

El autor era, además de astrólogo, un poeta; pero poeta en el sentido antiguo de la expresión.  Es decir, un sentido mucho más cercano al de profeta que al de artista en la acepción moderna del término.  Tanto es así que al comienzo de su obra declara su sagrado propósito  diciendo: 

'Con  mi poema me propongo hacer descender del cielo conocimientos divinos...'

Aunque no se sabe nada de su vida, se suele asumir que Manilio era un representante del estoicismo. Lo cual no es para nada gratuito, ya que resulta consistente con muchas de sus argumentaciones.

Pero, por otra parte, en su obra se reconocen claras resonancias herméticas. De todas formas, ambas cosas no son contradictorias. Pues, el hermetismo no es una escuela, en el sentido formal de la palabra, y por lo tanto su inspiración puede permear actividades y expresiones intelectuales muy diversas. Del mismo modo que, en ciertos momentos, ha iluminado desde dentro a tradiciones cercanas pero claramente distintas como son el judaísmo, el cristianismo y el Islam.

El propio Manilio deja entrever esa fuente de luz, ya que al comienzo de su poema invoca a Hermes y le canta versos de reconocimiento:

'Tú, Cilenio {se trata de un apelativo de Hermes, nacido en el monte Cileno} fuiste el iniciador y el inspirador de ese conocimiento sagrado  tan importante; tu hiciste conocer más profundamente tanto el cielo como las estrellas a fin de que se ampliase la visión del universo, fuesen dignos de veneración no sólo el aspecto exterior sino también el poder mismo sobre las cosas, y conociesen los pueblos hasta qué punto el dios es inmenso'

Además, una vez recuperada la obra de Manilio, durante el Renacimiento, después de siglos de haber permanecido en la sombra, fueron precisamente los hermetistas quienes le prestaron la debida atención.  Entre los que mencionaron explícitamente a Manilio se encontraban Agrippa, Ficino, Pico Della Mirandola y más tarde Goethe. A su vez los entendidos aseguran que la medicina de base astrológica de Paracelso le debe mucho a la Astronomica

Pues bien, en determinado momento del poema, y en el contexto de una refutación dirigida a quienes negaban la posibilidad de alcanzar un conocimiento superior a través de los astros, Manilio dice lo siguiente:

'¿Que tiene de extraño que los hombres puedan conocer el cielo {es decir, sus designios}, si el cielo está en ellos mismos, siendo  cada uno de ellos una imagen de dios en pequeña representación?'  

En esos versos asoma la idea de que escrutando los designios del cielo, el hombre reconoce no sólo su unidad con el cosmos manifiesto sino también su propia divinidad. 

Por  eso Manilio dice en otro lugar pero en el mismo contexto de sentido:    

'¿Acaso puede dudarse que dios habita en nuestro pecho...?'

Ahora bien, nos parece inevitable extraer de allí la siguiente implicación: si dios habita en nuestro pecho, entonces, no hay revelación divina ad extra. Por lo tanto, las revelaciones le hablan al hombre desde el interior de sí mismo.  

Así, el libro del cosmos, los libros santos, y los símbolos sagrados, son espejos que le descubren al hombre su verdadero rostro. Ese que ordinariamente no puede ver porque está velado por la opacidad de lo dado; es decir del mundo considerado en su exterioridad aparente y su propia individualidad empírica.   

Para terminar, cabe aclarar que aquél 'sí mismo' al que aludimos arriba, es decir el rostro divino de lo humano, no se confunde de ningún modo con la, más que superflua, subjetividad postmoderna. Y si se quiere medir la distancia entre ambas cosas, el ejemplo de la propia astrología resulta bastante elocuente: 

Pues para Manilio esa ciencia de 'conocimientos divinos' era una vía para restaurar la conciencia de la unidad del hombre con el Alma del Mundo y de su propia divinidad. 

Mientras que hoy se pueden obtener, a través de Internet, cartas astrales interpretadas de modo automático; y hasta el pronóstico astrológico del día para descargar desde el teléfono móvil...

¿No es esto último un inquietante signo de los tiempos?


Referencias: 
Fuente de las citas: los versos de Manilio están tomados de la versión en español de su obra, editada por Gredos con el título 'Astrología'.