sábado, 26 de marzo de 2011

El lenguaje, las epifanías y el hombre

Un interesante poeta de nuestra lengua, Alfonso Sola González, escribió:

"Pensé en los dioses hijos de tu amor, oh noche,
de tus majestuosos racimos genitales" 

Las resonancias órficas de esas palabras se escuchan entre líneas pero con claridad.

Pues, existe una antigua teogonía vinculada al orfismo, según la cual, la Noche, un principio cósmico no engendrado, extrae de sí misma un huevo primordial del cual habrá de nacer, luego, Eros, es decir el Amor, el primero de los dioses y punto de partida de la genealogía divina.  

Así, dicha teogonía resuena en el campo abierto y evasivo de lo no dicho que palpita y se deja oír a través de lo dicho en esos versos.
      
Pero, esas palabras hablan también, de un modo aún más sutil, de otra cosa. Ya que en ellas no sólo se alude al drama teogónico de la Noche, su amor, y  sus hijos, los dioses, sino que también se mencionan sus 'racimos genitales'.

Esa inquietante expresión, 'racimos genitales',  trae a la presencia, aunque en penumbras, algo inesperado. A saber: la vid y la matriz de la hembra arquetípica. 

Allí, la vid y la matriz de la  hembra arquetípica, dos símbolos plenos de significaciones cosmológicas y humanas, no alcanzan a salir de la zona de sombra de los versos pero se anuncian en ellos.     

Pues bien, aquí no  vamos a detenernos a comentar esos símbolos 'majestuosos', como los llama el poeta, ni hablaremos del resto del poema, cuya lectura recomendamos,  y en cambio nos enfocaremos en la cuestión central que motiva este post: 

La poesía, como acabamos de ver, trae a la presencia algo más que lo dicho. La poesía trasciende la inmediatez de lo dado en los enunciados, porque siempre dice algo más de lo que en ellos puede ser fijado como dicho.    

Pero, sensu stricto, ese traer a la presencia siempre otra cosa y más que aquello que se dice en lo dicho, no es una peculiaridad propia de la poesía, no si a ésta se la entiende exclusivamente como un género literario, sino más bien una cualidad esencial del lenguaje mismo.  

Lo poético, entonces, desnuda una cualidad esencial del lenguaje. Cualidad que podríamos denominar: su poder epifánico.

Traer al ser, hacer aparecer, patentizar; pero también anunciar, permitir el vislumbre de aquello que aún no alcanzó la plena luz,  insinuar. En definitiva, abrir la puerta a indefinidas,  y a priori ilimitadas, posibilidades de manifestación y conocimiento.     

Ahora bien, todo esto nos lleva a formularnos una pregunta: ¿qué es el lenguaje, desde el momento en que esa cualidad esencial del mismo, su poder epifánico, se revela en lo poético? 

No vamos a contestar a esa pregunta; pues pensamos que no se trata de una pregunta para ser respondida sino para ser transitada...

Aunque sí cabe señalar que, dentro del horizonte de sentido esbozado por esa pregunta, la concepción racionalista que hace del lenguaje un sistema de signos cuya función es servir de soporte a la razón discursiva, la expresión de los sentimientos y las necesidades prácticas de la comunicación, resulta tan estrecha que raya en la estupidez.

Pues esa concepción reduce el lenguaje a no ser sino el instrumento o la función de otra cosa (de la comunicación, del razonamiento, de la necesidad de expresión, etc.);  y no permite captar que la pregunta por el lenguaje es indisociable de la pregunta por nuestro propio ser.

Así,  la pregunta por el lenguaje es solidaria de esta otra: ¿quienes somos, desde el momento en que toda nuestra existencia, y por lo tanto nuestra experiencia de nosotros mismos y del mundo, está atravesada, del principio al fin, por el lenguaje? 

Para terminar, y como quien, para no perder el rumbo, dirige la mirada hacia un doble e inmenso faro, nos gustaría cerrar el post con otras dos citas:

"Aprende lo que quiero decirte de este modo: 
lo que en ti mira y comprende es el Verbo del Señor, y tu Nous es Dios Padre; 
no están separados uno del otro, pues en su unión consiste la vida"
Del Poimandres (Corpus hermeticum)

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Este era el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres"
Evangelio de Juan


Referencias:
Fuente de las citas: los versos de Sola González (1917-1975) pertenecen a su poema 'Cantos a la noche'. Existe una edición digital en Internet Ir al poema

Tanto del Poimandres como del Evangelio de Juan existen numerosas traducciones y ediciones. Nosotros utilizamos en el primer caso la versión de Federico González (incluido en Masonería y Hermetismo, Kier) y en el segundo la versión de Reina -Valera (Sociedades Bíblicas en América Latina).  

domingo, 20 de marzo de 2011

Elogio de la palabra

"Sabré vivir en ti,
arrancaré
toda luz de ti, 
toda encarnación, todo arrecife, toda ley"
Ives Bonnefoy

El Zohar pone en boca de Rebí Simeón un bello y sutil comentario: dice que los pájaros, dado que vuelan por encima de la tierra, viven en cierta vecindad con los espíritus. Y es por eso que portan consigo mensajes celestiales y augurios para quien sabe interpretar su vuelo.       

Pero, lo mismo puede decirse de la palabra.  Ya que, por su vecindad con el Verbo, es decir con el Logos, al interior del cual se despliegan el universo y la existencia humana, la palabra es portadora de profundos significados espirituales para quien sabe escucharlos. 

Por eso, a propósito de la palabra, un eximio mago del Renacimiento, Cornelio Agrippa, decía lo siguiente: 

"la palabra o verbo es la cosa sin la que nada ha sido hecho ni se puede hacer, y además es la expresión de quien expresa y de lo expresado; el decir de quien dice y lo que dice; es la palabra y el verbo; la concepción de quien concibe y lo que concibe, es el verbo; la escritura y de quien escribe y lo que escribe, es el verbo; la formación de quien forma y lo que forma, es el verbo; la creación del creador y lo que crea, es el verbo; la hechura del hacedor y lo que hace, es el verbo; la ciencia de quien sabe y lo que sabe, es el verbo"

Es claro que, así entendida, la palabra no es una mera facultad del hombre, ni tampoco un instrumento suyo, sino la textura misma de su ser.  

Aunque, por supuesto, las manifestaciones de la palabra dan lugar a muchos lenguajes. Los cuales involucran diversos modos de ser y de comprender; modos que, a su vez, configuran mundos de experiencia diferentes.  

Así, palabra es tanto la manipulación retórica de la política, las sugestiones de los mass media, y el parloteo idiotizante de la chusma, exacerbado hoy hasta el paroxismo por las llamadas 'redes sociales' que operan en Internet, como la intimidad de la poesía, la comunión de la plegaria, la luz de los libros  sagrados y la magia de los ritos y prácticas espirituales.  Y eso entre muchas otras posibilidades. 

Pero, en definitiva, toda palabra, vacía o plena, encubre y evoca a la palabra perdida... Y esa nostalgia del sentido, reminiscencia de lo divino, hace de cada palabra un movimiento de retorno.    

Y hablando de la palabra perdida, nos gustaría terminar este post con otros versos del mismo poeta que citamos en nuestro epígrafe:

"Palabra junto a mí
¿qué perseguir en ti sino el silencio,
qué luminaria sino tu profunda
consciencia sepultada... ?" 


Referencias:
Fuente de las citas: los versos de Ives Bonnefoy están tomados de distintos lugares de su libro-poema titulado 'Del movimiento y la inmovilidad de Douve' (editado por Visor, Madrid).

Las palabras de Agrippa están tomadas de su obra 'Filosofía Oculta', capítulo XXXVI, 'Creación del hombre a semejanza de Dios' (editado por Kier, Argentina).

El comentario de El Zohar sobre los pájaros y los augurios se encuentra en el pasaje sobre 'La música de las esferas', de la selección de esa obra realizada por Ariel Bension (publicada en español por Olañeta Editores, España).    

viernes, 11 de marzo de 2011

La paradoja del silencio y la palabra

La historia le ha atribuido, con o sin  razón, al profeta y taumaturgo cretense Epiménides, la autoría de la llamada 'paradoja del mentiroso'.   

La versión más breve de la misma es la que se expresa en la frase siguiente:

'yo miento'

El carácter paradójico de esa afirmación resulta de que si es verdadera es falsa y si es falsa es verdadera.

Pues, si es cierto que 'miento', es decir si miento al afirmarlo, entonces, estoy diciendo la verdad. Por lo tanto no es cierto que miento. 

Y recíprocamente, si no es cierto que miento, es decir si no miento al afirmarlo, entonces mi afirmación es falsa, ya que en ella digo que miento. Pero, si es falsa es verdadera, pues lo que digo es, justamente, que miento.  Y así volvimos a la situación anterior...  

Esa es una exposición simple del problema lógico semántico representado por la paradoja.  Pero, la cuestión que la misma plantea se puede refinar y extender mucho más.  De hecho, los lógicos han debatido hasta el hartazgo sobre esa desconcertante paradoja; y otras por el estilo; a las cuales clasifican dentro de las llamadas falacias de 'auto referencia'.  De modo que el lector, si busca, podrá encontrar con facilidad suficiente material de lectura sobre el asunto.   

Ahora bien, aquí el problema lógico no nos interesa.  Ya que entendemos que esa paradoja está destinada, justamente, a llevar el pensamiento más allá del nivel de comprensión en el cual la verdad se decide en función de los principios lógicos.

Así, para nosotros, la circularidad de la frase, en la cual los lógicos ven una falla o una trampa,  es precisamente su mayor riqueza. 

Pues esa circularidad nos indica, ahí, que el lenguaje no puede ser reducido nunca a los enunciados (ni mucho menos a  los enunciados llamados 'proposicionales'). Y no puede serlo,  entre otras cosas,   porque en el lenguaje siempre se dice más de lo que se refleja en lo dicho.       

Expresado de otro modo, la verdad de esa paradoja está, precisamente, en su circularidad.  Porque es esa circularidad la que le hace decir, a despecho de la lógica, algo más de lo que puede ser reducido a su enunciado exteriormente considerado.

Pero dejemos esta cuestión aquí, sin pretender cerrarla, y vamos a ver otra paradoja. En este caso se trata de una  enseñanza del Tao Te Ching, que dice así:

"El que sabe no habla
El que habla no sabe"

No deja de ser irónico que esas palabras de Lao Tze hayan sido utilizadas, muchas veces, en ámbitos de pensamiento orientados a la espiritualidad, para hacerle afirmar algo que no podrían nunca decir sin anularse a sí mismas.

Pues,  se pretende encontrar en las palabras del sabio chino una legitimación del clisé según el cual el conocimiento más puro, en el orden espiritual, es inefable; y por lo tanto todo lo que se diga del mismo, cuando no es falso, es, en el mejor de los casos, sólo aproximativo.

Esa es la, muy difundida, concepción que, en nombre de la inefabilidad de la verdad divina, asume que el lenguaje y el pensamiento están afectados de una suerte de limitación constitutiva que les impide llegar al conocimiento de las realidades superiores. Por lo tanto la verdad suprema sólo se alcanzaría en el silencio. 

Uhhmm...  No vamos a negar eso, y además, por supuesto, suele haber diferencias de profundidad y matices según el contexto en que se lo encuentre.  Pero, considerada de modo general esa noción de la inefabilidad desnuda un modo de pensar mundano; ya que es meramente empírica, es decir exterior. 

Lo paradójico es, y es esto lo que desconcierta a la conciencia ordinaria, siempre afectada, en el hombre culto occidental, por algún grado de empirismo y racionalismo, lo desconcertante, decíamos, es que lo inefable mismo habla.

Pues, lo que no puede ser dicho se deja oír...  por la palabra

Así, en la doble afirmación de Lao Tze es claro que si ambas oraciones fuesen literalmente verdaderas, entonces, la enseñanza del sabio no tendría ningún valor. 

Puesto que en ella se trata de palabras con las cuales se expresa una lección de sabiduría. Una que habla, justamente, acerca de la relación entre la sabiduría y la palabra.  Pero si la sabiduría no hablara y el que allí habla careciera de sabiduría, la enseñanza se suprimiría a sí misma.

De modo que el silencio, al que se alude en la enseñanza taoísta, no es lo opuesto de la palabra. Y la sabiduría, que ahí habla por boca de Lao Tze, no es inefable en el sentido empirista. Por lo tanto esa inefabilidad ha de ser otra cosa que el mero silencio exterior.

¿Qué otra cosa? Como mínimo esto: que la sabiduría habla, pero no puede ser reducida a la literalidad de lo dicho.      

Y para terminar, ¿no es esa misma paradoja, constitutiva del pensamiento y la palabra, la que también manifiestan, por su sola existencia, todas las revelaciones tradicionales, orales y escritas,  que le hablan al hombre desde más allá de sí mismo...? 


Referencias:
Fuente de las citas: no se conocen escritos de Epiménides; ya que los que se le han atribuido se consideran falsos; y la paradoja del mentiroso tampoco hay constancia de que sea de su autoría.  

Pero lo poco que se sabe de ese taumaturgo griego es sumamente sugestivo. Una noticia de su vida y actuación se puede encontrar en el libro de Santiago Montero: 'Diccionario de adivinos, magos y astrólogos de la antigüedad' (publicado por editorial Trotta, Madrid).

Las palabras del Lao Tze pertenecen al Tao Te Ching, Libro del Te, LVI (utilizamos  la edición bilingüe con traducción y comentarios de Onorio Ferrero, editada por Azul, Barcelona).  

sábado, 5 de marzo de 2011

El viento sagrado de Papa Loko

En este post queremos referirnos a una hermosa canción haitiana.  Pero, en primer lugar invitamos al lector a que la escuche en la interpretación de la artista Toto Bissainthe:      



La letra de la canción, en creole, la lengua nativa de Haití, dice lo siguiente:

"Papaloko uo sè van
 Pousè-n alè 
Nous sè papiyon 
Na potè nouvèl bay agoué 
E tou sa ki di biyin... 
 Jé-m layé 
E Tou sa Ki di mal o-o
 Jè-m layé"

Gracias a la generosidad de un entendido, Max Beauvoir,  quien, sin conocernos, nos brindó una traducción interpretada del texto, pudimos intentar, por nuestra parte, una traducción más o menos libre al español.

Nuestra versión dice así:    

Papa Loko tu eres es el viento
Impúlsanos
pues somos mariposas
y llevamos tus mensajes a Agüé
Y no escapan a nuestra vista quienes dicen el bien
Y no escapan a nuestra vista quienes dicen el mal

La letra hace alusión a la rica mitología del Vodou haitiano. Pero explicar dichas alusiones nos llevaría demasiado lejos, y además es una tarea que nos supera.

De modo que, a fin de rescatar para los hispanohablantes algunas  de las sutiles resonancias espirituales de la canción, diremos solamente lo siguiente:

Papa Loko ocupa un lugar muy elevado en  la jerarquía espiritual Vodou.  Tal como Agüé, el dios del mar, Papa Loko es un iniciador. Una divinidad que interviene de manera protagónica en la transmisión de los misterios del Vodou.

Inasible pero activo, como el viento, Papa Loko comunica conocimientos sagrados a los iniciados y protege sus santuarios.

También como el viento, Loko viaja, se mueve, no se limita a ningún lugar; y por lo mismo escucha los pensamientos de los hombres allí donde estén.  Por eso conoce el bien y el mal que se dice en ellos y a través de ellos.    

Una de las formas más características que asume la epifanía de Papa Loko, es la mariposa; símbolo vivo de la palingenesia.  

La palingenesia de la mariposa:  aedificantis putrido... 

Es decir, de la corrupción a la regeneración, de las ruinas a la obra, de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad. 

Así, las alas del alma, liberadas, ascienden impulsadas por el viento del Espíritu.



Nota y referencias: 
Por si hiciera falta, teniendo en cuenta que en esta postmodernidad imperan los derechos subjetivos por sobre las exigencias de seriedad, queremos aclarar que aquí sólo estamos valorando la belleza de la canción que comentamos y la profundidad espiritual del Vodou, pero no alentando el acercamiento irresponsable a éste último. Entre otras cosas porque, arrancado del mundo dentro del cual tiene verdadera vida, el Vodou puede ser muy peligroso. 

Max Beauvoir, maestro Vodou (houngan) y considerado una gran autoridad en Haití, tiene un website en Internet:  The Temple of Yehwe

Una fuente valiosa para el conocimiento del Vodou es el libro de Milo Rigaud: Secrets of Voodoo (editado por City Lights Books, San Francisco) 

El clásico estudio de Alfred Metraux titulado 'Vodú', más allá de sus limitaciones, entre ellas su descreimiento acerca del significado sobrenatural del Vodou,  contiene una descripción bastante detallada y clara de los diversos aspectos del  mismo (conocemos una única edición en español de la, ya  desaparecida, editorial Sur, Buenos Aires). Una reseña nuestra sobre el libro de Metraux  puede encontrarse en el webiste La Escalera: Ir a la reseña