jueves, 26 de mayo de 2011

Plotino, el cielo y la autoconciencia

Plotino, retomando la cosmología del Timeo de Platón, establece una interesante analogía entre el movimiento circular de los astros y la autoconciencia del alma humana.

Pues, señala Plotino, los astros se mueven de manera circular porque vuelven sobre sí mismos, tal como la conciencia vuelve a sí misma en la autoconciencia.

Así, el centro espacial del astro, el centro de su órbita, es análogo al centro intelectual de la conciencia, es decir a su auto transparencia intuitiva.     

Ahora bien, esa analogía no es una simple metáfora, es decir un mero recurso retórico destinado a embellecer el discurso o a suscitar emociones, sino la expresión de una auténtica correspondencia entre diversos niveles del ser. 

Pero, tal correspondencia no es exterior. Es decir, no se trata ahí de dos realidades independientes la una de la otra y puestas luego en relación por un observador que percibe una semejanza entre ellas, sino de la correspondencia interior propia de las realidades derivadas de un principio común.

Ya que si Plotino percibe la correspondencia entre la autoconciencia y el movimiento de los astros, es porque reconoce en el movimiento de estos últimos la actividad de una mente. 

Por eso, después de haber aclarado que el movimiento no es impuesto a los astros desde fuera (en sus palabras 'no por tracción ni contra la naturaleza'), dice:   

"{...} como el Alma está entera en toda partes y como la del universo no está fraccionada en partes, por eso comunica también al cielo el modo de omnipresencia de que éste es capaz"

Es decir, el Alma, el Anima Mundi, permea el universo y le infunde su propia vida; lo cual se manifiesta, entre otras cosas, en los astros como perpetuo retorno sobre sí, y en el hombre como despertar a sí mismo en la autoconciencia.  

El racionalismo moderno, por su parte, cegado con respecto a lo esencial a causa de la fractura cartesiana entre el pensamiento y el cosmos, no logra ver en el movimiento de los astros otra cosa que un juego de fuerzas carente de  inteligencia; y en la  autoconciencia no ve más que un epifenómeno subjetivo concomitante de la actividad cerebral y/o del psiquismo individual.    

Y ese doble vaciamiento del sentido afecta no sólo a la comprensión del cielo y la autoconciencia sino, ante todo, a la de su correspondencia. Es decir a la captación de la unidad entre pensamiento y realidad; o si se quiere entre la mente y las cosas. 


Referencias:
Fuente de la cita: las palabras de Plotino, así como la analogía que comentamos, se encuentran en la Eneada II, tratado segundo, titulado 'Sobre el movimiento del cielo' (editado, entre otros, por Planeta-DeAgostini, España). 

jueves, 19 de mayo de 2011

El pensamiento y el mundo

El hombre no es un sujeto que piensa sino una modalidad del ser que al pensar se reconoce como sujeto.

Por eso el sujeto no es el agente del pensar sino su resultante.

Por olvidar, por desconocer, que el pensamiento es constitutivo de su subjetividad y no una actividad de la cual dispone como de un instrumento, el hombre se idiotiza.

Y esa idiotez lo lleva, entre otras cosas, a concebir el mundo como un conjunto de objetos exteriores al pensamiento. Ya que así desconoce también que el pensar y la realidad conforman una unidad viviente.

Dicho de otro modo, porque cree que el pensamiento es suyo el sujeto pretende aprehender el mundo -un mundo del cual se ha enajenado- desde afuera, tal como la mano recoge una piedra a la que percibe como exterior a sí misma.   

El irlandés George Berkeley (1685-1753) intentó despertar a los hombres de esa  idiotez  y dijo:

"{...} por los sentidos no se perciben más que ideas; 
y no puede existir idea alguna o arquetipo de idea como no sea en una mente"

Pero ahí la 'mente' no se reduce a la subjetividad humana sino que es la condición y principio de la misma.      

En cierto sentido el intento de Berkeley recuerda, como en un eco lejano, la  enseñanza que Parménides había pronunciado aproximadamente dos mil años antes:  

"pues lo mismo es pensar y ser"

Pero ya era demasiado tarde...  


Referencias:
Fuente de las citas:  la cita de Berkeley fue tomada de su obra 'Tres diálogos entre Hilas y Filonus' (editado por Aguilar, Madrid,  Bs. As, México).

La cita de Parménides fue tomada del libro de Luis Cordero 'Siendo, se es'. El cual contiene el texto griego del poema de Parménides, su traducción y un pormenorizado estudio sobre el mismo (editado por Biblos, Bs. As.) 

miércoles, 4 de mayo de 2011

El estrecho lindero del pensamiento

El pensamiento es constitutivo de la verdad, pero también su velo.

Por eso el acceso a la verdad plantea un dilema que sólo se resuelve a partir del pensamiento pero a pesar del mismo.

Pues, el pensamiento es ese borde, ese camino de frontera, por el cual transitamos entre la plena luz del ser  y la opacidad que la oculta en nosotros y en las cosas.  

Ahora bien, para comprender la significación del pensamiento hay que comenzar por trascender la noción ordinaria del mismo.

Pues, el pensamiento no es solamente una actividad del hombre,  ni mucho menos un mero discurrir subjetivo, sino una llamada por la cual el hombre es interpelado en su condición de hombre.

¿Qué significa que pensemos?

Esa es la pregunta que nos interpela.  Pero, no es una pregunta que nosotros hacemos en tanto seres pensantes, sino la pregunta por la cual el principio mismo del pensamiento, su fuente, nos interpela e interroga. 

Por eso, quienes pretenden alcanzar la verdad levantando el velo del pensamiento pero no reconocen que es constitutivo de la misma ni escuchan su interpelación, no alcanzan sino un 'más allá del pensamiento' abstracto y vacío; eso cuando no los embriaga una subjetividad ilusionada que cree haber llegado al cielo sin haberse, siquiera, conocido a sí misma.

Y a propósito de esto no está de más recordar que Plotino decía:

"Porque quien busca, en definitiva, es el alma y lo que ha de conocer es qué clase de ser ella es para poder, antes de nada, conocerse a sí misma... "   

El pensamiento, entendemos, es ese lindero estrecho por el cual, o bien nos elevamos hacia su principio,  o bien descendemos a la exterioridad de las representaciones ordinarias -abstractas e imaginarias- del mundo y de nosotros mismos.

Por su parte, Proclo decía: 

"Toda alma tiene su origen inmediato en una inteligencia" 

De lo cual se sigue que los aspectos intelectuales del alma son, para ella, la vía más directa de retorno al origen. Pues, según Proclo, todo en el cosmos revierte sobre su principio, y lo hace a partir de aquél aspecto de sí que se corresponde más directamente con dicho principio.

Y en otro texto ese mismo filósofo y teúrgo neoplatónico dijo que:

"todas las cosas se dirigen, invocan y alaban al principio más elevado de su cadena de existencia; y lo hacen, según su propia naturaleza, ya sea espiritualmente, ya racionalmente, o bien naturalmente o de modo sensible"

Así, negar la grandeza del pensamiento no es elevarse por encima del mismo sino degradarse por debajo de la condición humana. Aunque, por otra parte, querer alcanzar la verdad por el pensamiento sin reconocer su carácter de velo es  como tratar de ver sin abrir los ojos. 

Referencias:
Fuente de las citas: la cita de Plotino corresponde a su Eneada V, capítulo V sección I (editado por Aguilar, Bs. As.)   

Las citas de Proclo están tomadas, la primera de sus 'Elementos de Teología' {Aguilar, Bs. As.}; y la segunda es traducción nuestra de  un pasaje de la versión inglesa de su texto: 'On the Sacred Art'  (Sobre el arte hierático) publicado en la website de Chthonios Books, asociada a la International Society for Neoplatonic Studies.