jueves, 22 de septiembre de 2011

Cagliostro

"¿Soy otro que no seas Tú? " 
(Hermes Trimegisto)  

El Conde de Cagliostro, médico, mago y teúrgo del siglo XVIII, re vivificador de la sabiduría perenne en Occidente, condenado por la Iglesia Católica a prisión perpetua, víctima, ya en vida y todavía hoy, de una artera campaña de difamación en su contra, escribió en cierta oportunidad lo siguiente:

“Yo no soy de ninguna época y de ningún lugar, desde fuera del tiempo y el espacio mi ser espiritual vive su eterna existencia. Y si sumergiéndome en mi pensamiento remonto el curso de los años, y extiendo mi  espíritu sobre un modo de existencia más allá de vuestra percepción, yo devengo aquél que deseo.
Participando conscientemente en el Ser absoluto, regulo mis acciones de acuerdo a lo mejor de lo que me circunda. Mi nombre es el nombre de mi función, porque soy libre. Mi tierra es aquella en la cual fijo momentáneamente mis pasos. Situaos en el ayer, si queréis, ensalzando los años vividos por  ancestros que os fueron extraños, o en el mañana, por el orgullo ilusorio de una grandeza que nunca será vuestra. Yo soy EL que ES."              

Pues bien, el gran iniciado se manifiesta ahí como quien, habiendo realizado íntegramente la unidad con el Ser supremo, ha devenido, en cierto sentido, principio de sí mismo; y, por lo tanto, inmortal y divino.   

A nuestro entender, el escaso pero significativo material escrito y simbólico que Cagliostro nos ha legado, debe ser comprendido a la luz del fuego esencial que resplandece en ese pasaje...

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Por otra parte, queremos informar que, con este post, damos por terminada la vida activa del blog Verbatim.  Agradecemos a quienes nos han visitado. Y  esperamos que la ley de afinidad que rige, discreta pero infaliblemente, el universo, nos vuelva a reunir en otra oportunidad.


Referencias:
Fuente de las citas: la frase del epígrafe fue tomada del 'Poimandres', libro V, Corpus Hermeticum {editado por Edaf, Madrid}.

Las palabras de Cagliostro son traducción nuestra de un pasaje del texto que aquél escribió en Francia, cerca de 1786, titulado 'Mémoire pour le comte de Cagliostro accusé contre le procureur général', como respuesta al escándalo del 'collar de la Reina' en el cual, los intrigantes de turno, lo habían  involucrado.  Marc Haven rescató ese texto y lo publicó en su libro 'Le Maitre inconnu, Cagliostro'  {editado por  Dorbon Ainé, Paris}.  Agradecemos a Marcos L. por habernos facilitado ese material.           

El esoterista y pitagórico italiano, Arturo Reghini, demostró claramente la falta de justicia del proceso judicial seguido a Cagliostro, a partir del análisis de un documento inédito del Santo Oficio.  Ese trabajo suyo se encuentra disponible en Internet:

En italiano: http://es.scribd.com/doc/57276655/Cagliostro-in-Documenti-Inediti

En español: http://es.scribd.com/doc/75511205  

lunes, 5 de septiembre de 2011

La persona y la Ley

En cierta oportunidad el monje budista Nichiren Daishonin (1222-1282) declaró:  

"{...} en lo profundo de mi cuerpo mortal preservo la suprema Ley secreta que heredé del buda Sakyamuni, maestro de las enseñanzas, en el Pico del Águila. Mi corazón es donde todos budas entran en el nirvana; mi lengua, donde  hacen girar la rueda de la Ley; mi garganta, donde nacen en este mundo, y mi boca, donde logran la iluminación"   

Más allá de su belleza expresiva, lo crucial en ese pasaje es que ahí Nichiren Daishonin hace explícita su total identificación con la Ley, el Dharma, principio y verdad del universo y de los seres.

Esa identificación al Principio, esa totalización del ser por la cual el hombre individual deviene Hombre Universal, se articula en la tradición budista japonesa en un principio doctrinal conocido como 'ninpo ikka'.  Expresión que suele traducirse como 'identidad de la persona y la Ley'.

La realización efectiva de dicha identidad involucra, entre otras cosas, la superación de la vivencia de separación y de todas las disonancias que afectan a la conciencia del hombre común en su relación consigo mismo y con el mundo. 

Ese es el estado de ser y de comprender del maestro totalmente iluminado.

Pero, el maestro es maestro no sólo en virtud de su estado sino también a causa de su función. Por eso, en diversas épocas y culturas, el maestro eterno se reviste de las formas, nombres y atributos que le permiten guiar a quienes aspiran a la realización espiritual.   

El discípulo, por su parte, se mira en el maestro iluminado como en un espejo viviente que le devuelve una imagen de sus propias posibilidades esenciales, y así propicia la  actualización, la manifestación, de esas mismas posibilidades.         

En este contexto de ideas cabe evocar las siguientes palabras del Shej  Ibn Arabi:

"Ahora, cuando se ha unido a un maestro completo tendrá que desprenderse de la mayoría de las características inútiles que ha adquirido en su descenso y volverá al primer estado que tuvo; y será otra vez lo que era"   

Dicho sea de paso, la referencia al maestro 'completo' o perfecto, como soporte necesario del desarrollo espiritual, está presente en diversas tradiciones de sabiduría; como el Islam, el cristianismo, ciertos movimientos dentro del judaísmo, el hermetismo, las cadenas iniciáticas de Occidente, el vodou, etc.        

Ahora bien, más allá de la forma empírica exterior que asuma la maestría (hombre individual, grupo, o comunidad) es claro que  un encuentro genuino con el maestro sólo puede darse al interior de un camino espiritual concreto. Y si bien es cierto que esto admite excepciones, es seguro también que las excepciones son justamente eso: excepciones.

Pues, si bien la relación con el maestro trasciende el vínculo con el camino exteriormente considerado, dicha relación no podría establecerse de manera puramente ideal.  Puesto que requiere de una transmisión viva que debe canalizarse por una vía concreta y adaptada a nuestro mundo.  

Pensar de otro modo supone asumir que el discípulo ha trascendido las condiciones empíricas de la existencia terrestre y por lo tanto no está condicionado por ellas. Pero, es obvio que en ese caso no necesitaría un maestro.         

A propósito de esto, cabe señalar lo absurda y distorsiva que es, desde el punto de vista espiritual, la pretensión de algunos de comprender a todas las tradiciones de sabiduría desde fuera de las mismas, y en función de una teoría acerca de la universalidad de la 'Tradición' concebida de manera abstracta.  

El problema de ese modo de pensar es que, aunque se crea estar haciendo otra cosa, la universalidad a la que se apunta es meramente racional. 

Pero, esa universalidad de la razón es reductible, en última instancia, a la simple noción lógica y matemática de 'clase'.  Y, por muy universal que se la piense, la 'clase' no es más que el resultado de una operación mental al alcance del entendimiento ordinario. Por lo tanto no supone ninguna realización de orden espiritual.  

De hecho, hasta un niño, a condición de que no sea demasiado pequeño, comprende que las cosas singulares pueden agruparse, de acuerdo a distintos criterios, en clases; y las clases  pueden ser agrupadas, a su vez, en clases mayores; y así, paso a paso, puede conducirse a dicho niño hasta la noción de una clase que lo incluye todo.

Tampoco cambia nada que, en lugar de remontarse inductivamente de lo singular a lo universal, se postule la universalidad como principio y luego se haga descender de ella a los singulares. Pues, en ambos casos se trata de una representación puramente abstracta que cae por entero dentro del dominio de la lógica; y, así concebida, no tiene nada que ver con la universalidad de la verdad enseñada por los caminos genuinos de sabiduría. 

Dicho de otro modo, esa universalidad de la razón carece de interioridad; y por lo mismo carece de verdad, en el sentido espiritual de esta última palabra. 

En cambio, quien transita un camino espiritual concreto puede, habiendo aprehendido interiormente algún conocimiento genuino, por limitado que sea, realizar algunas transposiciones analógicas a fin de comprender las enseñanzas de otros caminos con los cuales no tiene una relación efectiva.

En este último caso la universalidad alcanzada, o a la cual se apunta, ya no es la universalidad abstracta de la razón sino la universalidad viviente de la verdad.  Una verdad que cada uno, tal como enseña explícita y enfáticamente el budismo, debe reconocer en sí mismo.

Por eso el maestro budista que citamos al comienzo del post, Nichiren Daishonin, dijo,  en otra oportunidad, lo siguiente:

"Jamás piense que están fuera de usted mismo ninguna de las ochenta mil enseñanzas sagradas que predicó el Buda Sakyamuni a lo largo de su vida, o que predicaron los budas y bodhisattvas de las diez direcciones y de las tres existencias del pasado, presente y futuro"

Es decir, el discípulo deberá encontrar en su interior no sólo las enseñanzas del budismo histórico, representado ahí por Sakyamuni, sino también las enseñanzas de todos los maestros de todas las tradiciones y todos los tiempos, representados ahí por los budas y bodhisattvas de las diez direcciones y las tres existencias...  


Referencias:
Fuente de las citas: las palabras de Nichiren Daishonin pertenecen, en la primer cita, a su texto 'La persona y la Ley', y, en la segunda cita, al texto 'El logro de la budeidad en esta existencia'. Ambos incluidos en 'Los escritos de Nichiren Daishonin' {editado por Soka Gakkai}.

En nuestra website, La Escalera, pueden encontrarse esos dos escritos dentro de la sección Budismo (Pinche para ir ).

La cita del Shej Ibn Arabi pertenece al texto publicado en español con el título 'El Núcleo del Núcleo', traducción de Ismail Hakki Bursevi {editado por Sirio, Málaga}.